Actividad

Diferencias entre deporte y actividad física

Jugamos al fútbol, practicamos surf, padel o una ruta de mountanbike, entre otras muchas cosas, para divertirnos. Y es que si pensamos en el deporte, seguro que a continuación aparece el término diversión. No vamos desencaminados cuando hacemos esa asociación porque ya desde sus orígenes deporte, significó ante todo eso: entretenimiento. Disfrutamos con el deporte y vivimos todo lo que nos da beneficiándonos de sus ventajas.

Pero además de ese factor de diversión, en todas las definiciones del término aparecen elementos comunes como el espíritu de lucha, el ejercicio físico y el juego. Además, la intensidad del ejercicio físico también marca las diferencias de niveles individuales a alcanzar.

Al hablar de deporte no nos podemos olvidar de algo que marcará las diferencias; la competición. En él se incluyen unas normas y reglas y la observación de ciertas prácticas que de otra forma no se incluirían en el ejercicio físico, tales como el uso de equipamientos y prendas especificas.
Los estereotipos, las corrientes creadas desde los medios de comunicación, o el simple hecho de no saber diferenciar bien el deporte de la actividad física, hacen que caigamos en errores o tomemos el camino equivocado al elegir lo que nos va a producir más beneficios para nuestra salud.
Si te haces esta pregunta; ¿qué objetivos y que quiere conseguir un deportista?, seguro que empiezas a dar con la clave entendiendo que un deportista buscará como máxima la mejora de su rendimiento. El futbolista, el jugador de baloncesto o el nadador tienen que seguir unas pautas para conseguir sus metas: correr más rápido, mover más peso, bajar sus marcas… y todo esto hacerlo en el menor tiempo posible y no necesariamente de forma saludable. Por lo tanto, aquí ya hay una gran diferencia: el deporte lleva implícito la mejora del rendimiento para alcanzar un objetivo en el menor tiempo posible, y por el contrario la actividad física o la mejora de la salud se plantea en un largo espacio de tiempo.

En el camino hacia el éxito, el deportista tiene que trabajar en rangos que estén lo más cercanos al máximo, es decir, tiene que moverse en el terreno del mayor esfuerzo, mayor precisión, concentración, en el de una dieta estricta… lo que les va a llevar a un mayor desgaste físico y mental.
El deporte, además, impone unas reglas a las cuales hay que adaptarse sin importar mucho cuales son los factores de riesgo. Por ejemplo, en el fútbol la intensidad cardiovascular la marcara la velocidad del balón o del contrario que hay que superar. Se flexionaran, rotaran o extenderán articulaciones en ángulos no convenientes para la salud. En el deporte, la persona que lo práctica tiene que adecuarse a él, por el contrario cuando hablamos de actividad física el objetivo pasa por programar, dosificar y adecuar en entrenamiento a las características, necesidades y objetivos de cada persona.
En este punto la prescripción del ejercicio y el control de las variables que lo condicionan deben de estar debidamente programadas para conseguir alcanzar los objetivos. Debe realizarse de acuerdo a la edad, sexo, necesidad a corto y a largo plazo, nivel de condición física, disponibilidad temporal y escenario donde se realizara el entrenamiento.
Si entendemos la actividad física como una herramienta capaz de mejorar la salud comprenderemos que para que el organismo responda a los estímulos que provocamos tendrá que ser dosificado al ritmo biológico que cada sistema tiene para experimentar mejorías significativas, pudiendo ser éste cardiovascular, óseo, muscular o metabólico.
En definitiva, podemos aconsejarte que cuando practiques deporte lo hagas de manera controlada y no de forma extrema. Si tu objetivo es la mejora de tu salud, la actividad física individualizada siempre será la mejor elección.

Fuente: Oxigenosport